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HISTORIA DE LA SERÁFICA, VENERABLE, ILUSTRE Y MUY ANTIGUA ARCHICOFRADÍA DE NUESTRO PADRE JESÚS NAZARENO DE LA SANGRE, SANTO CRISTO VERDE Y NUESTRA SEÑORA DE LA SANTA VERA CRUZ |
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I.- LOS ORÍGENES.
SIGLO XVI.
A tenor de Real Cédula
dada en Granada a 18 de Septiembre de 1500, los Reyes Católicos
concedían licencia a la Ciudad de Antequera para que esta
cediera 700 varas de terreno en las que poder labrar un
Monasterio bajo la advocación de San Zoilo, por los Frailes de
la Observancia de San Francisco. Daban así cumplimiento a los
deseos del Infante Don Juan, el cual en el testamento que otorgó
en Salamanca en 1497, mandó por medio de legado la suma de
340.000 maravedíes para tal fin. Por su parte los Reyes
Católicos aportaron para la obra 600.000 maravedíes.
El primer Convento de
Religiosos que se edificó y fundó en esta Ciudad de Antequera
fue el de los Religiosos del Seráfico Padre de San Francisco. La
fábrica del Convento comenzó en el
año 1501, en los arrabales de la
Ciudad, en un lugar ocupado por una antigua Ermita dedicada
igualmente al Mártir San Zoilo, abogado de los males del riñón,
concluyendo las obras hacia 1515. A partir de este momento
debemos empezar a encuadrar la fundación de la actual Cofradía.
Sin embargo, van a pasar varios años en los que existen fusiones
de distintas Cofradías y Hermandades hasta llegar a lo que hoy
se conoce como la Archicofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno
de la Sangre, Santo Cristo Verde y Nuestra Señora de la Santa
Vera Cruz.
Los Franciscanos
Observantes potencian todo lo relacionado a la devoción de la
Pasión de Cristo y hacia la Santa Cruz; allá donde se funda un
Convento de Franciscanos se instituía una Cofradía encargada de
adorar a la Verdadera Cruz.
No conocemos con
certeza la fecha exacta de fundación de la Antigua Cofradía de
la Vera Cruz en Antequera. La primera referencia documental que
tenemos aparece en las Ordenanzas Municipales, redactadas en
1530 y confirmadas por el Emperador Carlos en el 1531, a través
de una Real Provisión otorgada en Ávila.
En el Capítulo de
estas Ordenanzas denominado, en el apartado<<La Horden que se a
de tener al Día de la Fiesta del Santo Sacramento y como an dyr
los Oficios>> dedicado a las Cofradías hace una relación por
orden de antigüedad de las existentes. y En su folio 3r nos
aparece: ...<<La Cofradía de la Santísima Imagen de nuestra
Sennora su Cruz después desto. La Cofradía de la Vera Cruz...>>.
Este dato es importantísimo a la hora de barajar una fecha
aproximada de la fundación de la Cofradía, ya que sabemos que la
Cofradía de San Miguel se funda en 1525, por lo que cercano a
este período debió de crearse nuestra Cofradía y por supuesto
antes de 1530, fecha en la que se redactan las citadas
Ordenanzas Municipales.
Además del culto a la
Vera Cruz, otro aspecto de la Pasión de Cristo que potencia la
Orden Franciscana de la Regla de la Observancia es la veneración
a su Preciosísima Sangre, y con tal nombre surgen Hermandades en
toda Europa, llegando a España en el Siglo XVI.
Estas Hermandades eran
de Flagelantes. Los Flagelantes surgen a raíz de las terribles
epidemias de Peste Negra que asolaron Europa durante el Siglo
XIII, al ser consideradas como Sectas. Estos, consideraban que
las epidemias eran consecuencia de sus pecados y que el
Sacramento de la Confesión y de la Penitencia no era suficiente
para redimirse, estimando que sólo el dolor corporal y la
penitencia del castigo a través del Flagelo, era la solución
para acabar con las atrocidades que estaban viviendo. En 1349 el
Papa Clemente VI prohíbe las Hermandades de Flagelantes,
posteriormente San Vicente Ferrer encauza esta Secta dentro de
la ortodoxia, siendo difundida por los Franciscanos de la Regla.
En Antequera surge la
Hermandad de Flagelantes de la Preciosísima Sangre de Nuestro
Redentor Jesucristo en la primera mitad del Siglo XVI.
El 12 de Septiembre de
1543 se une a la Cofradía de la Vera Cruz, y ese mismo año, el 1
de Noviembre los Hermanos obtienen la cesión de unos terrenos
para labrar su magnífica Capilla. El 15 de Noviembre de 1543,
Fray Francisco de Escobar Gircardiasi guardián del Monasterio y
demás Frailes, otorgan escritura pública, con licencia del Padre
Fray Alonso de Santaellan Ministro Provincial de esta provincia
de Andalucía, en la que ceden unos terrenos a los pies del
Templo donde poder labrar su Capilla: ...<<Por quanto ahora
nuevamente sea hecho e fundado e nesta casa y convento nro de la
cibdad de San francº de Antequera una hermandad y cofradía de la
san Vera Cruz e sres de la sangre de ntro redentor la qual a
cada día crece ese aumenta ...>>. Labraron la Capilla, “tan
hermosa y anchuriosa” como permanece hoy, donde colocaron las
Insignias que se procesionaban el Jueves Santo. Tiene su
Sagrario y encima de él colocada la Insignia, tan devota como
es, de Jesús de la Sangre, y encima el Santo y Crucifijo de la
Sangre, título de esta Capilla y Cofradía, por la que derraman
sus cofrades cada Jueves Santo. Para cuya curación dispusieron
en el restante del sitio que se les dio un cuerpo espacioso en
que se tiene prevenido lavatorio para todos los Hermanos que
quieren lavar y curar allí. Y como parecía cosa indecente que
entrasen y saliesen por la Capilla y por la Iglesia,
consiguieron licencia de Fray Pedro de los Ángeles para poder
hacer una puerta, por donde entrasen y saliesen a su curación y
lavatorio, su fecha en 20 de Diciembre de 1583.
Tiene esta Capilla su
campana a parte para todas sus funciones y misas particulares
que se dicen en ella, fiestas, novenarios, como el que se hacía
antiguamente todos los años por sus devotos, empezando el 12 de
Mayo, que fue el que Jesús Nazareno de la Sangre hizo el
prodigio y milagro del agua, con mucha solemnidad de misas y
sermones.
La primera gran
reforma acaece en el año de 1599 fecha en la que se desmantela
el lavatorio y se adscribe como nave de la Capilla. La obra
concertada por el Alcalde Mayor Don Rodrigo Alonso de Pinazo,
con el alarife Francisco Gutiérrez Garrido que se le encarga el
cerramiento de la Estancia que estaba en alberca, como una
bóveda de plato.
La segunda reforma
vendrá en 1677, fecha en la que se concreta con Francisco de
Castillo (hijo del entallador Juan Bautista del Castillo) la
ampliación de la Capilla, anexionándole lo que hasta entonces
era Sacristía. Así mismo se lo encarga el terminar de dorar el
retablo y la media naranja de Nuestra Señora de la Cruz.
En cuanto al capítulo
de retablística los datos que nos han llegado son muy escasos.
Tenemos conocimiento de que en 1597 se le encargan al
ensamblador Alonso Muñoz Alamilla el Retablo Mayor de ésta,
dorándose y policromándose posteriormente por Francisco
Rodríguez de Alarcón, completándose con una serie de remates y
adornos.
Esta Capilla contenía
numerosos retablos e imágenes, todo ello propiedad de la
Cofradía, representativo de la iconografía del círculo de la
Vera Cruz, tales como Santa Elena, María Magdalena y San Juan,
desaparecidos hoy día, un Santo Cristo Resucitado, que
actualmente se procesiona el Domingo de Resurrección, una Imagen
de Jesús Amarrado a la Columna y diversos Crucificados como el
Cristo de la Luz, el Santo Cristo Verde y el Crucificado de la
Sangre, entre otras.
Este recinto gozó del
fervor y favor de los fieles Antequeranos, que lo mantuvieron
con sus celebraciones religiosas prolongándose el culto durante
todo el Siglo XVII, así como el XVIII y el XIX.
II.- LAS
CONSTITUCIONES DE 1555.
El 15 de Julio de
1554, el Alcalde Mayor de la Cofradía Don Rodrigo Alonso de
Pinazo convoca Cabildo en el que acuerdan, redactar unas nuevas
reglas ya que la Cofradía <<... tenía unas constituciones hechas
de los antiguos y no firmadas del Prelado, por lo cual era
parecer de la hermandad no cumplillas...>> formadas por sesenta
capítulos o artículos son indiscutiblemente uno de los
documentos más interesantes e importantes, que la Archicofradía
ha podido rescatar. A través de ellas podemos reconstruir y
recrearnos en el mundo penitencial de la Antequera del siglo
XVI.
Por lo tanto, las
primeras constituciones a que tenemos acceso son a las de 1555,
que fueron redactadas por Don Rodrigo Alonso de Pinazo, los
Alcaldes y Mayordomos Don Gonzalo Huéscar, Don Bartolomé Alonso
y Don Juan Cuéllar, en nombre de los Diputados, Hermanos y demás
Cofrades. Gracias a estas Reglas, podemos saber, que en la
Cofradía existían dos clases de Hermanos: los de la Luz, que
portaban hachas de cera encendidas. Y los de la Sangre, que
cumplían con su función de disciplinantes. También sabemos que
el orden de la Procesión se iniciaba con un Crucificado que
acompañaban seis hermanos de luz; a continuación, el estandarte
con la Insignia de la Cofradía, que consistía en un gran
Estandarte Negro con una Cruz Arbórea Roja en el centro y " ...
música de cantores, los mas et mejores que se hallaren que vayan
cantando el Miserere Mei y una Trompeta tañendo de dolor ...",
siguiendo a todo esto las Insignias o pasos de los Titulares, y
finalizando el guión de las Cofradías que era portado por los
miembros de las más nobles y linajudas familias antequeranas de
la época.
Así mismo, conocemos
por estas Reglas, que en la noche del Domingo Ramos se
constituía Cabildo General, de asistencia obligatoria, bajo pena
de pagar como multa media libra de cera verde de castigo, a fin
de que los Hermanos que hubieran tenido durante el año alguna
desavenencias o disputa se perdonasen y se diesen un abrazo. Así
como concretar los detalles de la salida procesional. Igualmente
estaban obligados a dar limosna para cubrir los gastos
extraordinarios que durante esos días se iban a producir.
Estas Constituciones
continúan con distintos apartados referidos a las normas de la
Observancia por parte de la Cofradía, aprobándose el Doce de
Noviembre de 1555 por Fray Bernardo, Obispo de Málaga. Es en
este mismo año cuando le conceden las mismas Bulas que a la
Iglesia de San Juan de Letrán de Roma, anteriormente referidas.
Así mismo sabemos que
la Cofradía estaba gobernada por tres Alcaldes, dos Mayordomos,
un Escribano, ocho Diputados, un Prioste y un Muñidor.
Cada Alcalde
representaba a cada una de las distintas Cofradías que la
componían, y de entre ellos se nombraba un Alcalde Mayor, que
era el encargado de regir los destinos de la Cofradía.
El cargo más
importante después del de Alcalde Mayor era el de Mayordomo, a
él se le encomendaba la administración de la Hermandad y debía
de ser " ... persona lega, llana y abandonada en quien estén
seguros todos los bienes e rentas e limosnas ...". El Mayordomo
era el custodio de las escrituras de propiedad de la Cofradía;
estaba obligado a llevar un libro donde se reflejasen los
ingresos y los gastos que hubiere, de los que debía de dar
cuenta. Generalmente se le asignaba un sueldo, consistente en un
tanto por ciento de las limosnas que recaudaba.
También sabemos que la
Cofradía se reunía en Cabildo Ordinario los primeros Domingos de
cada mes.
III.- SU FLORECIMIENTO. SIGLOS XVII Y
XVIII.
Durante este período
la Cofradía va adquirir las estructuras que van a perdurar hasta
bien entrado el Siglo XIX, alcanzando el mayor florecimiento de
la historia. Esto es debido, a la importancia dada entre las
familias pudientes y del pueblo en general, a este tipo de
instituciones, lo que dio un extraordinario auge económico
motivado por los numerosos legados y mandas que en los
testamentos favorecían a la Hermandad.
El 25 de Abril de
1623, el Alcalde Mayor da comisión a los Diputados Don Alonso
Gil de las Cruces y Don Juan Ximénez de Ávila para que
redactasen unas nuevas reglas, al haberse quedado desfasadas las
de 1555 . Estas fueron aprobadas por Don Juan Jiménez Galindo,
Provisor y Vicario de Málaga, en nombre del Obispo Don Francisco
de Mendoza. Estas Reglas constaban de 26 Capítulos.
En 1631, Fray Juan del
Castillo, lector jubilado y guardián del Monasterio de San
Zoilo, viaja a Granada para adquirir del Convento de
Franciscanos Casa Grande la Imagen de un Crucificado de
carnación sinople (en heráldica, color verde), realizado por
Jerónimo Quijano en 1543, según consta en el documento titulado
"Inventario de Imágenes y Cuadros existentes en el Convento Casa
Grande de Granada", conservado en el Archivo Histórico Nacional,
Legajo 25 de la Sección de Consejos y Ciudades.
En torno a esta Imagen
pronto se crea en el Monasterio una Cofradía, la cual se acomoda
en la Capilla de la Santa Vera Cruz y Sangre. Este hecho
propició que diez años más tarde, el 28 de Diciembre 1641, esta
Cofradía se uniera a la de la Vera Cruz y Sangre de Jesucristo,
configurándose a partir de este momento la actual estructura de
la Cofradía. Esta unión fue sancionada mediante la rectificación
de las Reglas existentes con quince capítulos más, y fueron
aprobadas el 21 de Marzo de 1643 por Don Diego Bermúdez de
Castro, Vicario General de Málaga en nombre del entonces Obispo
Don Fray Antonio Enríquez.
La curiosa
denominación de esta Imagen como Cristo Verde o el Señor Verde,
que de ambas maneras se le cita en los documentos antiguos, se
debe a la tonalidad verdosa-marfileña de la policromía de sus
carnaciones.
El cuerpo procesional,
a partir de este momento, se configura manteniendo los elementos
tradicionales del Siglo XVI, y enriqueciéndolo con el nuevo paso
procesional, con lo que la procesión queda establecida de una
nueva manera: Un Crucificado flanqueado a ambos lados por Tres
Hermanos de Luz, seguidamente un Trono que portaba la Cruz
exenta, acompañada del Discípulo Amado y de la Magdalena a ambos
lados; tras este, el Santo Cristo Amarrado a la Columna bajo
palio rojo, luego el Nazareno de la Sangre, ataviado con túnica
morada bajo palio púrpura; detrás, el Santo Cristo Verde bajo
palio verde con Sol y Luna. Y cerrando la procesión la Sagrada
Imagen de Nuestra Señora de la Vera Cruz, con saya, manto y
palio bordados en oro y color negro.
IV.- DE LA ECONOMIA.
Dentro del Antiguo
Régimen, uno de los capítulos más importantes dentro de
cualquier Cofradía era el Económico. Las fuentes de ingresos
eran de lo más variado, pero perfectamente claras y específicas.
Las Reglas contemplan este capítulo con sumo cuidado en cada
Hermandad.
En un primer
acercamiento, podemos clasificar los ingresos en dos tipos:
externos e internos. Los externos procedían mayoritariamente de
capellanías, Patronatos, Legados o Mandas. Los Internos de
Censos, Arrendamientos o de las Normas establecidas en las
Reglas que obligaban a los Hermanos a abonar diversas cantidades
en determinados momentos para cubrir los numerosos gastos de
mantenimiento anual de la Hermandad. Por ejemplo, cualquier
persona que quisiera formar parte de la Cofradía, unas vez
superados los estrictos requisitos éticos y sociales debían
abonar, en concepto de inscripción la suma de 153 maravedíes.
Posteriormente y una vez integrado debía abonar a lo largo del
año 172 maravedíes y una libra de cera << ... que se pague cada
año en la víspera de la fiesta de la Cruz...>>. Otra fuente
importante de ingresos eran las misas de los difuntos << ...que
paguen por misas y entierros 500 maravedíes o más según sus
posibilidades...>>. En esta Cofradía, especialmente favorecida por las familias pudientes y por el pueblo en general, y a pesar de las muy respetables sumas que ingresaban, los gastos eran superados por los ingresos. Este dato es fácilmente observado en los balances extractados entre 1612 y 1638. Hemos de especificar que las sumas están expresadas en maravedíes:
Todos estos ingresos
estaban custodiados por el Mayordomo que los guardaba en una
reglada arca con tres cerraduras, cuyas llaves se repartían el
Mayordomo, el Escribano y uno de los Alcaldes.
Generalmente el
Mayordomo apoderaba al Muñidor para efectuar el cobro de las
limosnas y demás fuentes de ingresos. La figura del Muñidor es
muy apreciada dentro de la Cofradía, por lo que representaba
para el buen saneamiento económico de la Cofradía. Se daba el
caso de que si enfermaba la Cofradía se hacía cargo del pago de
los médicos e incluso le pagaba una renta para ayudarle a
sobrevivir durante su convalecencia .
Independientemente de
este tipo de ingresos, se recibían numerosas donaciones de
enseres, configurando así el importante conjunto patrimonial de
esta Cofradía. Prueba de ello son los palios que actualmente se
procesionan, junto con las potencias de los Cristos,
complementos de plata, mantos, coronas y un largo etcétera, así
como otros enseres de los que sólo nos queda la constancia que
dan los documentos, como por ejemplo la maravillosa Cruz de
Plata y Carey del Nazareno, de la que nos habla el Padre Llordén,
o de los interminables listados que aparecen en los inventarios
conservados de la época, y que actualmente se encuentran
depositados en el Archivo Histórico Municipal de Antequera.
V.- EL CULTO.
Anualmente instalaban
en el compás del Monasterio, a los pies de la Capilla de la
Sangre, una gran Cruz, ante la cual, y siguiendo un ritual que
duró siglos y que lamentablemente no ha llegado hasta nuestros
días, se bailaba una danza, por un solo individuo, entre los
estruendos de cohetes y fuegos de artificio; tenemos constancia
que durante muchos años, en el Siglo XVII, la interpretó un tal
Alonso Medrano . Una vez concluida , volvían a repetirla, pero
esta vez era bailada por un grupo de gitanos, que para tal
efecto contrataba la Cofradía. Posteriormente, el día 4 se
celebraba una Solemne Eucaristía con sermón.
Otras Solemnidades que
festejaban era la Fiesta del Corpus Christi, un Octavario en
Agosto en el Día de Nuestra Señora y por supuesto, las Novenas
en honor a Nuestro Padre Jesús Nazareno de la Sangre; estas
llegaron a congregar a tantos fieles que la Cofradía pacto con
la Comunidad de Franciscanos la construcción en 1787 del Camarín
del Altar Mayor de la Iglesia, a cambio de poder trasladar a él
a la Imagen del Nazareno durante las celebraciones de las
Novenas, para que pudiesen asistir a los actos todas las
personas que quisiesen, sin limitación de espacio como ocurría
en la Capilla de la Santa Vera Cruz y Sangre.
Pero sin duda el acto
más importante e impresionante era su Salida Procesional en la
madrugada del Jueves Santo. Desde su Capilla, en el Real
Monasterio de San Zoilo, emprendían su Estación Penitencial,
hacía el Cerro de la Vera Cruz o del Vizcaray, donde se ubicaba
la ermita a la devoción de la Santa Cruz.
El culto en torno a estas Sagradas Imagines
adquirió dentro de la Sociedad Antequerana una preponderancia clara
y neta. La predilección por parte de la nobleza y de la alta
burguesía local hacía el Monasterio de San Zoilo y especialmente a
nuestra Cofradía, no sólo se va a ver reflejada, a través de las
mandas testamentarias y demás donaciones post morten, sino que
también se hará patente en las numerosas donaciones de enseres que
durante este período se realizan, configurando así todo el
patrimonio de la Cofradía, que en una representación mínima ha
llegado hasta nuestros días.
Prueba de ello, son los
palios que actualmente se procesionan, potencias, complementos de
plata,... así como otros, de los cuales existe constancia documental
pero que desgraciadamente han desaparecido.
VI.- LA DECADENCIA Y EL RENACIMIENTO. SIGLOS
XIX Y XX.
Durante el Siglo XIX la
Cofradía va a ser fiel reflejo de la inestabilidad que sacuden a
España tanto en el ámbito político como en el social. El Siglo XIX
se abre con la guerra a Francia, hecho que marcó a toda la Sociedad
e Historia española, así como los movimientos sociales y
revolucionarios que modificaron la personalidad y la forma de pensar
de todo el pueblo. Esto unido a la incomprensible desamortización de
Mendizábal, va a cambiar todas las costumbres, tradiciones y
creencias establecidas hasta entonces. Especialmente se verán
transformadas por estos cambios las Hermandades y Cofradías que
dejan de realizar sus Estaciones Penitenciales. Esporádicamente
alguna que otra Semana Santa, realizan sus Estaciones Penitenciales
algunas Cofradías como la de la Paz, Socorro complementándose con la
de la Soledad, que aglutinará en torno a ella representaciones de
otras Cofradías verificadas con la presencia de sus Pasos o Tronos.
Este es el caso de nuestra Cofradía, que en varias ocasiones
acompañará a la de la Soledad y Quinta Angustia en la Procesión que
antiguamente procesionaba en Sábado Santo.
No obstante, el culto
Interno se siguen manteniendo en sus respectivas Sedes Canónicas. En
el caso de nuestra Cofradía, durante todo este período, la
veneración a los Sagrados Titulares de la Cofradía de la Santa Vera
Cruz y Sangre de Jesucristo se seguirá en la Capilla del Monasterio
de San Zoilo, a pesar de su progresivo desmantelamiento, que comenzó
a finales del Siglos XIX, por parte de los propio estamentos
eclesiásticos, con el fin de cubrir necesidades de otra índole.
De otra forma, el rico
patrimonio histórico, artístico y religioso se verá en ocasiones mal
vendido y en otras ocasiones adjudicado, de forma extraña a lugares
que nada tiene que ver y para los que en ningún caso estuvieron
pensados.
En este momento, las Cofradías o lo que
quedaban de ellas, entran en el siglo XX heridas y profundamente
desarraigadas de la tradición Antequerana, que vuelve a resurgir en
los años cuarenta de este Siglo. Debemos dejar patente, que el Culto
Interno no desaparece y como consecuencia de ello en el año de 1959,
un grupo de estudiantes, influenciados por este resurgir y
encabezados por Don Federico Anglada Vilanova y Don Joaquín
Franquelo reorganizan nuevamente la Salida Procesional de nuestra
Cofradía, perdurando hasta nuestros días.
La Cofradía se plantea, y
se ha llegado a implantar como “Cofradía de los Estudiantes”, al
existir dentro de este colectivo un deseo claro de participación
dentro de la Semana Santa de Antequera.
Como cabría esperar, los
inicios son duros ya que se contaba con poco más aparte de la
Imágenes. Desde un principio se decide como día Procesional el Lunes
Santo, ya que el día tradicional, Jueves Santo, hacían su Salida
Penitencial otras dos Cofradías Antequeranas. En algún año de la
década la Cofradía hace su Salida Penitencial el Martes Santo, e
incluso anecdóticamente el Viernes Santo en el año 1970,
estabilizándose definitivamente en el Lunes Santo, a pesar del
anacronismo y con la contradicción a las Normas del Obispado de
Málaga, que aconsejan seguir la cronología de la Pasión de Nuestro
Señor en la Semana Santa.
A partir de 1975 poco a
poco irá recuperando su identidad, y asentándose firmemente dentro
del mundo cofrade antequerano. La recuperación del antiguo
patrimonio, su restauración y adecuación a los tiempos y necesidades
modernas, se convertirán en el objetivo principal, sin olvidar claro
está, su función de Comunidad Cristiana.
De este modo se comienzan
a restaurar, muy lentamente los vestigios de lo que fue una de las
grandes cofradías de Andalucía. En 1986, gran parte del antiguo
patrimonio mueble, cuyos depositarios, la Familia Muñoz Rojas, cede
gustosamente a la Cofradía después de haberlo cuidado mimosamente
durante años, lo que nos da un gran impulso, dotando a nuestra
Cofradía de una nueva imagen que se sigue manteniendo y aumentando
durante todas la década de los 90. Todos los esfuerzos de la actual
junta de Gobierno, tuvo su merecida recompensa cuando la Revista Vía
Crucis, nos invitó a participar en una de las extensiones del
Pabellón de la Santa Sede en la Exposición Universal de Sevilla del
año 1992, ubicado en la Sala del Tesoro de la Basílica del Gran
Poder para mostrar el patrimonio que posee esta Archicofradía. Hoy
en día, nos encontramos intentando recuperar parte de la tradición
de los antecedentes de esta Hermandad. Prueba fehaciente de ello son
las Reglas Actuales, así como las Normas de Régimen Interno que
están basadas en gran parte en las de 1555. |