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Tres
son las Sagradas Imágenes que venera esta Archicofradía.
La Imagen de Jesús Nazareno de la
Sangre, obra manierista realizada
hacia 1590
representa a Jesús en el momento de la aceptación de la Cruz camino
del Monte Calvario. Se trata de una talla de bulto redondo que conserva
el rico estofado de su túnica, donde presenta una característico
plegado acanalado, que resalta las formas del desnudo de las piernas
hasta reunirse en un haz de pliegues entre ellas. En cuanto al
movimiento y al gesto, su actitud es de un erguido avanzar, sin acusar
el peso del madero.
Su
rostro refleja una serena mirada de aceptación de la Pasión. Su cabeza
tiene un matizado modelo con una especial recreación en los pormenores
del rostro, cabeza y barba.
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Esta
obra está enclavada, por sus características, en el último tercio del
Siglo XVI y cuya
atribución está todavía por determinar. Esta magnífica escultura,
que aparece sobre peana dieciochesca de estilo rococó, está
considerada como una de las mejores piezas del patrimonio artístico
local.
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Sin embargo, determinadas desproporciones
anatómicas, así como el planteamiento de los paños, de pliegues muy
menudos, están indicando con claridad que en el Cristo Verde
persisten elementos de un substrato goticista, que tampoco debe
sorprendernos al tratarse de una escultura gótica renacentista de la
primera mitad del siglo XVI, como ya quedó anteriormente estudiado.
Técnicamente está resuelto con bastante seguridad de masas, que quizás
esquemáticas en determinados detalles, pero ello se comprende mejor si
recordamos que fue tallado para ocupar la zona alta de un retablo. Es
decir, que fue pensado para “Imagen Decorativa”, lo que teóricamente
significaba que nunca sería bajado del ático de un retablo. No fue
concebido, por tanto, para imagen de culto directo y/o procesional.
Otro de los aspectos técnicos más destacables del
Cristo Verde, es su policromía. Se trata de una carnación de brillo,
elaborada por acumulación de barnices y no por la técnica del
pulimento, en la que destacan los tonos marfileños y verdosos, junto a
pequeños toques de rojo sangre. El sudario, aparece estofado de forma
muy sencilla; fondo de oro, blanco marfil encima punteado y rayado por
anverso y por reverso. En su conjunto, la policromía de esta obra
consigue unos resultados plásticos, verdaderamente sorprendentes. Es
obra documentada de Jerónimo Quijano, como anteriormente habíamos
visto.
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La
Imagen de Ntra. Sra. de la Santa Vera Cruz
es la de una Dolorosa de
vestir o de candelero, de una extraordinaria y logradísima belleza
e intachable ejecución. El rostro aparece levemente inclinado
hacia el lado derecho, habiendo conseguido plasmar el escultor el
preciso instante en que un desgarrador y contenido sollozo se
convierte en llanto. Sobre la autoría de esta Dolorosa se han estado
barajando durante mucho tiempo los nombres de Juan Bautista y Antonio
del Castillo, por su intima vinculación con la Archicofradía de la
Sangre, pero sin embargo en 1995, José Escalante Jiménez, tras un
detallado estudio de los documentos del archivo particular de la
Hermandad, descubre la
autoría real de la Imagen y que corresponde a Jerónimo Brenes, como
veremos más adelante.
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El
modelo iconográfico de la Dolorosa aparece ya perfectamente definido en
Antequera a finales del Siglo XVI. Y se desarrolla a partir de la
centuria siguiente. El modelo es siempre el mismo. Son imágenes de
candelero para vestir.
Razón por la que sólo presentan talladas en
madera la mascarilla y las manos. Sus pequeñas distinciones, se centran
en la policromía de las mascarillas, y en los giros e inclinaciones de
la cabeza, así como en la posición de las manos y su expresividad.
Esto explica la dificultad que entraña su catalogación. Durante el
Siglo XVII se introducen elementos novedosos. La efigie se enriquece,
por afanes naturistas, con ciertos postizos: ojos, lágrimas de cristal,
pestañas y cabellos naturales. Y, en el siglo XIX, la indumentaria,
realizada a base de ricas telas y bordados, denuncia la afición a lo
curvilíneo, a lo decorativo y al efectismo teatral tan propio del
sentimiento cortesano de la época.
Dentro
de ésta tipología encuadramos a Nuestra Señora de la Santa Vera-Cruz,
cotitular de la Archicofradía de la Sangre. Su modelo iconográfico
responde al conocido prototipo de ”Mater Dolorosa”, de pie, la
cabeza de rostro lloroso ligeramente inclinada hacia su derecha y con
las manos juntas y los dedos entrelazados. En las últimas décadas, sin
embargo se muestra con las manos abiertas, siendo las actuales del
escultor Carmonense Francisco Buiza Fernández (1981). La bella testa de
la Vera Cruz, de cráneo liso para colocar peluca, transmite en la
expresión de su rostro todo el desgarro de la tragedia vivida, pero con
su llorar silente. De sus ojos rasgados y apenas entreabiertos, vemos
fluir lágrimas que se hacen de cristal al recorrer su mejillas. La
boca, de sensual modelado, se abre en unos temblorosos labios como
expresión logradísima del sollozo. Tiene perfectamente anatomizadas
las orejas y la zona escapular del elegante cuello. Los ojos de cristal
son de los denominados “de cazuelilla”, pintados por dentro, como
fue bastante habitual durante el Siglo XVII.
Sobre
la autoría de esta Dolorosa se han barajado durante muchos años
distintos nombres de entalladores, aunque no se pudo documentar
ninguna atribución.
Un
detallado estudio de los documentos del archivo de esta cofradía nos ha
proporcionado unos excelentes resultados y así tenemos que en el “Libro
de quentas que se toman A los Mayordomos De la Cofradía de la Sangre de
Jesuxpto”, que comprende los años 1610 a 1620, en su folio 95,
aparecen las siguientes anotaciones:
“... dio mas por descargo ciento y setenta y seis reales que el dho
mayorodmo paga a Gerónimo Brenes escultor de la hechura de Un san Juan
y nuestra señora que la dha cofradía hizo para sacar en la procesión
los Jueves Santo como lo mostró por carta de pago del sobre dho su
fecha. En dies de noviembre del año pasado de seyssientos y trece queda
en poder del dho mayordomo...”
“... dieron más por descargo ciento y treynta e dos reales que dió y
paga A Gabriel Ortíz por dorar y pintar las dos hechuras de nuestra señora
y San Juan como lo mostró por carta de pago del sobre dho su fecha en
dos de marzo del año de seyscientos y catorce que queda en poder de dho
mayordomo ...”
Fue, por tanto, realizada
por el escultor Jerónimo Brenes en el año de 1613, y policromada meses
después por Gabriel Ortiz. También está documentado que la
ensambladura de la madera para la talla la realizó Juan de Arnani (o de
Arnania).
La policromía actual es consecuencia de una renovación efectuada por
Don José Romero Benítez en 1981, quien recuperó la carnación
original, a partir de algunos restos que aparecieron durante la
restauración. Anteriormente fue restaurada en 1960 por Emilio del
Moral.
Nuestra Señora de la Vera Cruz, se procesionó por primera vez en la
noche del Jueves Santo de 1614. Se conoce este dato, por la elaboración
de un trono para esta imagen que la Cofradía encarga a Juan de Arnani
en este año.
Después de trescientos ochenta y un años Nuestra Señora de la Santa
Vera-Cruz, sigue procesionando por las calles de la Ciudad de Antequera,
cumpliendo así con su ancestral función catequizante.
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